La revuelta que pudo cambiar la Historia

Medina de Rioseco y Burgos, con los nobles

Enrique Berzal / RTVCYL

Entretanto, Medina de Rioseco, feudo del almirante de Castilla, no tardó en convertirse en el núcleo del rearme imperial contra las Comunidades, atemorizados los nobles por el movimiento antiseñorial que la revuelta comunera había desatado en los pueblos. Lo hicieron, como ha escrito Joseph Pérez, por egoísmo y por defender sus intereses, no tanto por confianza hacia el emperador
Por su parte, el condestable de Castilla logró que Burgos, ciudad de la que era su señor, saliese de la Junta y, pese a esa aparente radicalidad que vimos anteriormente, apoyase al bando realista: lo consiguió el 1 de noviembre de 1520, después de negociar con los hermanos Castro, volver a entrar en la ciudad y prometer, a mediados de octubre, que ésta obtendría el mercado franco de los martes de cada semana.
Sin embargo, la defección burgalesa obedeció a otros factores de fondo bien conocidos: desde el primer momento, el movimiento comunero local habría estado controlado por los grandes mercaderes, interesados en mantener la exportación de lanas a los mercados del Norte, actividad altamente beneficiada por el reinado de don Carlos. A ello se sumarían los temores ante el rumbo expresamente radical que estaban tomando los acontecimientos en el seno de la Junta comunera.