Una década después, el mar ha limpiado todo resto del fuel, o al menos lo oculta a la vista, pero en Galicia las heridas aún no están cerradas.
El Gobierno anunció que todo estaba bajo control. No había motivos para preocuparse, decía. Y la pregunta sigue siendo, si la catástrofe pudo ser evitable.
Nadie quería acercar el buque a su puerto, pero una solución según los gallegos hubiera sido sacrificar una ría y no perjudicar todo el litoral.
Una vez en el fondo del Océano los técnicos aseguraban que el petróleo se congelaría a esa profundidad, más de 3.500 metros, y por tanto no había nada que temer. Sin embargo, aquella marea negra tiñó para siempre el recuerdo de miles de habitantes de una de las costas más salvajes y mejor conservadas de Europa.