Ruta Quetzal BBVA 2011

Cómo sentir una tienda de campaña un hotel de cinco estrellas

  • Regresan al campamento tras dormir al raso
  • La jornada discurre del Reventón a Segovia

Alberto Tapia / rtvcyl.es

La noche al raso ha sido más dura de lo esperado. La lluvia dificultó parte de la expedición y el viento a 2.040 metros de altitud en el Puerto abulense del Reventón se tornaba como la peor de las pesadillas. Algunos expedicionarios agudizaron el ingenio construyendo de forma improvisada una trinchera con mochilas para así cortar el viento, pero no sirvió de mucho, pues éste cambiaba constantemente de dirección. Al final el agotamiento de la marcha obligaba a muchos a olvidar el frío y caían rendidos refugiados en sus sacos de campaña.

“Hemos dormido poco”, nos cuenta la expedicionaria Paula Cecilia Escudero, “pero ha merecido la pena”, concluye orgullosa. Esta burgalesa, natural de Cucho, un pequeño pueblo del Condado de Treviño, afirma que este viaje le está cambiando la vida. Para empezar, “me he vuelto más práctica”, asegura, “antes metía de todo en la maleta y ahora sólo lo esencial”.

Pese a que la organización de la Ruta Quetzal había enviado una serie de recomendaciones a los participantes para preparar de forma austera el equipaje del viaje, Paula relata que decidió meter algunos “lujos” más que luego han resultado ser una carga: “las cremas son estupideces”, dice convencida, “no son verdaderamente necesarias”. Eso sí, aunque las duchas escasean (pues no se habrán duchado más de tres veces en Perú), asegura que no podría desprenderse del champú: “hay una chica que se cortó el pelo antes del viaje y creo que debería haberlo hecho yo también”.

Aunque quedan kilómetros por recorrer, afronta con ilusión el resto del viaje por España: “lo peor ya lo hemos pasado”, asevera orgullosa sentada bajo el acueducto mientras observa cómo sus compañeras envían postales de Segovia a sus familias. Descansan después de una marcha de 22 kilómetros cuyo destino es descubrir durante escasas tres horas los tesoros que esconde la capital segoviana.

De regreso a Madrid, regresaban al campamento instalado en el Canal de Isabel II. Allí esperaban las tiendas de campaña que por una noche se transformaron en hoteles de cinco estrellas. No es para menos, después de una noche durmiendo a la intemperie bajo los caprichos meteorológicos, un campamento ajardinado es uno de los mejores “resorts” de una aventura quetzal.