La nieve fue la culpable de que Tomás Bueno no pudiera aplicar fertilizante, realizar las siembras pendientes o podar el viñedo en su explotación de Zarzuar (Burgos). Pese a ello, el agricultor afirmaba que la nevada era más que bienvenida: "Esto viene muy bien para las reservas hídricas y nos ayuda mucho con el tema de plagas, insectos y ácaros, tanto en cereal como en viña, que es el cultivo estrella de esta zona".
Tomás afronta el año con optimismo, a pesar del contexto adverso con el que debe lidiar cada día. "Nosotros siempre intentamos tomar las mejores decisiones para una buena cosecha, que es lo que está en nuestra mano, pero elementos externos como los costes, sobre todo, y los precios de venta son lo que ahora mismo más nos preocupa en el sector", explica.
El problema, según reconoce, es que "por muy bien que lo hagamos, los costes cada vez son más altos y el precio de venta del cereal no sube; al revés, baja. Hacer viable la explotación cada vez cuesta más". En ese escenario, Tomás y otros profesionales del campo intentan optimizar recursos "para aprovechar hasta lo mínimo que podamos sacar de ello".
Baja rentabilidad y decisiones desde Bruselas
La baja rentabilidad es una de las grandes problemáticas del sector. A unos costes de producción disparados se suma que el precio de los productos no remonta, condicionantes que hacen peligrar la viabilidad de las explotaciones.
A esto se unen las decisiones que se toman desde Europa y que repercuten directamente en el profesional agrario. En estos momentos, todas las miradas están puestas en la firma del acuerdo con los países del Mercosur y en las negociaciones de la PAC que se llevarán a cabo durante los próximos meses.
"El tratado con Mercosur creo que no nos va a beneficiar en absoluto y, por lo que se está diciendo, ese 20% o 22% que quieren quitar de la dotación económica de la PAC tampoco nos va a favorecer en nada. Son dos líneas rojas que no se deberían dejar pasar", advierte Tomás.
El acuerdo comercial con los países del Mercosur ya se ha cerrado y se firmará, según fuentes oficiales, el próximo lunes 12 de enero, en un momento en el que las manifestaciones en contra se suceden en toda Europa.
Competencia desleal y falta de controles
Marta Llorente, ganadera de porcino también de Zarzuar, señala que "este acuerdo es un problema muy grande que afecta directamente a los productores, pero detrás de los productores están todos los consumidores. Lo que va a provocar es que se dé prioridad a productos que vienen de fuera sin el control que tenemos nosotros aquí en Europa".
"Nos están imponiendo unas normativas superestrictas de control alimentario, de trazabilidad, de insumos que podemos aplicar y, a la vez, estamos viendo que de fuera no se están teniendo todos esos controles y sí nos permiten importar eso", denuncia.
Además, para Marta también es fundamental lo que ocurra en torno al presupuesto de la futura PAC. "Con ese recorte presupuestario que quieren hacer, evidentemente vamos a tener un problema. Si bien a los agricultores nos gustaría no vivir de esa subvención, es necesario recordar que para seguir produciendo alimentos necesitamos cobrar esa ayuda en beneficio del consumidor. Los agricultores cobramos las ayudas de la PAC para que nuestros productos se puedan vender a un precio razonable en el mercado. Por lo tanto, los consumidores se benefician de esas ayudas".
La sombra de la peste porcina africana
Marta, además de estar ligada al sector agrícola, está muy vinculada al porcino. En este caso, el año ha comenzado con tensión. "Vivimos en una calma tensa los ganaderos de porcino porque, si bien es cierto que el brote está muy controlado y ha sido encapsulado perfectamente, no deja de ser un problema que en un momento dado puede llegar a alguna de nuestras granjas".
Lo ocurrido en torno a la peste porcina africana ha servido para poner de manifiesto el buen trabajo que se está desarrollando en el sector. "Tenemos un control exhaustivo de la bioseguridad. Eso ha permitido que la peste porcina no dé el salto a las granjas. Para poder entrar aquí nos tenemos que quitar toda la ropa que viene de fuera, hacer un lavado y desinfección de manos. El calzado no puede pisar la zona segura y limpia del interior de la granja. Vamos con ropa exclusiva, nos desinfectamos en los pediluvios antes de entrar. Eso nos genera una isla sanitaria donde nuestros animales tienen muchísima calidad de vida y estatus sanitario, lo que nos lleva a una reducción del consumo de antibióticos", explica.
El brote no ha afectado a ninguna granja, pero las consecuencias sí se están sintiendo: los ganaderos han visto cómo los precios descienden. "Es un problema comercial. En el momento en que España pierde su estatus libre de peste porcina africana, hay muchos países que han cortado las importaciones de nuestra carne. Eso ha hecho que el precio baje de manera exponencial", lamenta Marta.
"Cuídennos un poquito"
La sanidad animal, la baja rentabilidad, el temor al acuerdo con Mercosur y la incertidumbre sobre la futura PAC son temas que preocupan mucho a todo el sector. Hoy, mientras los agricultores y ganaderos continúan haciendo su trabajo, quieren que todos, especialmente los encargados de dictar las directrices, tengan en cuenta lo siguiente:
"Si no hay agricultores, no hay vida en los pueblos. Si seguimos restando o poniéndonos zancadillas, cada vez vamos a ser menos. ¿Qué deberían hacer? Pues cuidarnos un poquito, porque somos gente fundamental tanto a nivel de alimentación de todos como a nivel de vida en el medio rural, que tanto decimos que se está despoblando".
Un cuidado que tiene que verse reflejado en facilidades en el día a día, en darles armas para poder luchar contra lo que venga de fuera y en garantizar la viabilidad económica de su actividad.