El edadismo se ha consolidado como una discriminación silenciosa pero omnipresente. Aunque la longevidad y la esperanza de vida han alcanzado máximos históricos, el mercado laboral y la sociedad continúan aplicando sesgos de edad que invisibilizan la capacidad, la experiencia y la autonomía de las personas al superar los 50 años.
Uno de los frenos más severos se produce en las contrataciones y en el mantenimiento del empleo senior. Las grandes empresas priorizan perfiles más jóvenes a partir de los 40 años, dejando fuera a profesionales en pleno rendimiento cognitivo y físico.
"En las grandes empresas a los 50 ya no cogen a nadie. A los 55 años la gente ya ha adquirido conocimiento, experiencia, sabe lo que tiene que hacer y ha aprendido paciencia; cuando alcanzas esa serenidad, te apartan. Es espantoso", denuncia la emprendedora María Pérez. Esta exclusión laboral prematura frena la proyección de trabajadores que aún se consideran "alguien en potencia que puede seguir moviéndose".
Mirar la capacidad real y no la fecha del DNI
Frente a la estigmatización que sufren los profesionales que deciden seguir activos o acudir a espacios habitualmente asociados a jóvenes, el colectivo senior reclama juzgar a las personas por sus capacidades reales y no por un número.
Carlos Vaquero, catedrático emérito de la Universidad de Valladolid, critica a quienes cuestionan la jubilación activa: "Hay quien me ha recriminado: '¿Qué haces todavía trabajando?, ¿no te has cansado?'. Pues no. Y te lo dicen precisamente los que no han hecho nunca nada". En esta misma línea, Ana Isabel Esteban, de Solidaridad Intergeneracional, remarca la necesidad de cambiar el enfoque social: "Tenga la edad que tenga, tenemos que respetar sus capacidades, mirar las posibilidades y los deseos de hacer, vivir y compartir, no la edad que dice el DNI".
Contra el paternalismo y la exclusión bancaria
La discriminación por edad traspasa el ámbito laboral e impregna la vida cotidiana a través de una sobreprotección familiar que anula la toma de decisiones y una digitalización bancaria forzosa en servicios esenciales.
"Lo hacemos sin darnos cuenta porque creemos que es mejor decirle a un padre o a una madre lo que tiene que hacer, sin preguntarle si le gusta o no", advierte Esteban. Ante esta pérdida de independencia y trabas habituales como la falta de atención presencial en ventanilla, los mayores llaman a la acción: "El mayor no debe resignarse ni obedecer todo lo que le dicen; debemos hacernos notar".