Darse un capricho en la joyería sale este año muchísimo más caro en Castilla y León. Adquirir una pulsera, un reloj o unos pendientes cuesta de media un 23 por ciento más que hace apenas doce meses. Detrás de esta notable subida se esconde la vertiginosa escalada del precio del oro, un metal refugio que comenzó el año alcanzando máximos históricos tras registrar incrementos de casi el 30% en períodos de tiempo muy breves.
Esta tesitura económica está obligando a los talleres artesanales y comerciales de la comunidad a buscar alternativas para no perder clientes. La estrategia principal pasa por ajustar el quilataje de las piezas. Al reducir la proporción de oro puro empleada en la aleación, los joyeros logran contener la tarifa final de venta sin que el producto pierda su atractivo estético o comercial.
A pesar del encarecimiento generalizado, la demanda de joyas se mantiene sólida en el mercado autonómico. Los compradores continúan percibiendo el oro como un activo seguro de inversión que se revaloriza con el tiempo. Paralelamente, esta coyuntura ha llevado a muchos ciudadanos a revisar las piezas antiguas que guardaban en el hogar, descubriendo que objetos a los que no daban valor económico alcanzan hoy cifras muy relevantes.