El recibo de la luz se encareció más de un 15% en 2025, según datos de FACUA. La factura media anual, que en 2024 no llegaba a los 850 euros, superó el año pasado los 975 euros. Un incremento que convirtió a 2025 en el tercer año más caro de la historia, solo por detrás de 2021 y 2022.
El aumento del coste de los suministros y de la vivienda está provocando que crezca el número de hogares que sufren pobreza energética. “No poder tener una temperatura adecuada en la vivienda y también supone el retraso en el abono de las facturas o el sobreendeudamiento de las familias”, explica Raquel García, trabajadora social de Cáritas Diocesana.
Desde 2008, esta situación se ha triplicado en España. “Hay varias razones. Primero, porque somos más conscientes en este momento y vemos mejor la pobreza energética que hace algunos años”, señala Rodrigo Ramírez-Pisco, profesor de gestión energética de la Universidad Carlemany.
La pobreza energética tiene consecuencias tanto físicas como psicológicas y, lejos de corregirse, continúa agravándose. “Antes el acceso al empleo garantizaba una cobertura de medios para poder desarrollar una vida digna. Parece que se ha instaurado la nueva normalidad, que es la precariedad laboral. Tener un trabajo no te garantiza poder acceder a una vivienda. La pobreza energética hay que verla en esa situación de conjunto”, subraya Raquel García.
Organizaciones como Cáritas trabajan para combatir esta realidad mediante formación, información sobre el acceso a bonos sociales y ayudas económicas directas. Solo en Castilla y León, se han destinado 163.000 euros en ayudas directas a suministros, con un impacto en 1.600 personas, según explica la trabajadora social.
El problema es especialmente grave entre quienes viven en régimen de alquiler, ya que tienen mayores dificultades para acometer reformas de aislamiento, lo que incrementa su vulnerabilidad frente al encarecimiento energético.