Después de las vacaciones de Navidad toca volver a la rutina. Los estudiantes ya se han reenganchado a las clases y muchos adultos regresan al trabajo. Cada vez más personas se enfrentan en estos días al llamado síndrome post-vacacional.
Es momento de desmontar y retomar las obligaciones cotidianas. Una transición que no siempre resulta sencilla. “Los horarios a veces se nos vuelven muy cuesta arriba. Entonces, a veces lo primero es coordinar esos horarios; la hora de acostarme y la de levantarme, para ir entrando en la rutina de forma más suave”, explica Begoña Díez, psicóloga y secretaria del Colegio de Abogados de Castilla y León.
Las luces se apagan, las casas se vacían y las maletas ruedan de vuelta. La intensidad de las fiestas, que a unos les cansa, es precisamente lo que otros echan de menos. Este regreso marca también un momento de cambio y de plantearse nuevos o repetidos propósitos.
Para aliviar la cuesta de enero y hacer más llevadera la vuelta a la normalidad, la recomendación pasa por planificar horarios, organizar comidas y, si es posible, reservar algún viaje que ayude a suavizar el regreso al día a día.