Guardias civiles que lucharon contra ETA

Supervivientes de la Guardia Civil y sus familias lamentan la pérdida de la memoria colectiva sobre el dolor causado por ETA

Rubén de Vicente

La memoria de los años de plomo del terrorismo en España se sostiene sobre los recuerdos de quienes sobrevivieron a la primera línea del conflicto. Miembros de la Guardia Civil que desempeñaron sus funciones en el País Vasco durante las décadas más duras de la actividad criminal de ETA relatan la crudeza de unos atentados que marcaron su juventud y el destino de sus compañeros.

De los coches bomba a la caída de comandos

El capitán en la reserva Rafael Vázquez, de origen soriano, revivió en 1987 la crudeza de la banda terrorista con apenas 23 años, cuando sobrevivió a dos atentados con coche bomba de manera casi consecutiva en Éibar. Poco después, formó parte del operativo policial que, mediante un estricto control de las cabinas telefónicas de San Sebastián, logró la detención del comando Goierri, los mismos que habían intentado asesinarlo.

Por su parte, el capitán salmantino de origen zamorano Salvador Vicente sufrió con solo 19 años una emboscada en Villafranca de Ordicia (Guipúzcoa) en 1978, donde su vehículo fue ametrallado por dos terroristas. Aunque él logró salvar la vida, la tragedia lo acompañó permanentemente: a lo largo de su carrera convivió con 14 compañeros que resultaron asesinados en diferentes acciones terroristas.

El peligro del olvido

La labor de los Técnicos en Desactivación de Explosivos (Tedax) también dejó una huella imborrable. El capitán Fernando Ramón Carrillo recuerda su bautismo de fuego en Jávea en 1995 y cómo dos años más tarde tuvo que desactivar de forma manual, y guiado por el característico olor a amonal, una de las bombas colocadas contra la residencia militar de Vitoria donde él mismo residía. Hoy, tanto los agentes como sus familias comparten una profunda preocupación por la progresiva pérdida de la memoria histórica en torno al terrorismo.