REPORTAJE

Las unidades de convivencia transforman el modelo de atención a los mayores

Castilla y León consolida un sistema centrado en la persona que fomenta la autonomía y el envejecimiento activo

Estefanía Ureña

El modelo de atención a la dependencia ha dado un giro radical en nuestra comunidad. Desde que en 2016 se aprobara el decreto que favorece la atención centrada en la persona, las residencias han dejado de ser centros puramente asistenciales para convertirse en hogares donde el residente es el único protagonista.

El espejo sueco y el pilotaje en la comunidad

Todo comenzó en 2013 con un proyecto piloto patrocinado por la Consejería de Familia. Tras estudiar los servicios sociales de Suecia y Alemania, se implementó una unidad de convivencia por provincia. "No vale con hacer una asistencia como estábamos acostumbrados; hay que trabajar la atención personalizada y las capacidades", explican los responsables del centro.

Unidades de convivencia: un hogar de 16 personas

Estas unidades son espacios físicos limitados a grupos pequeños, de unas 15 o 16 personas, donde se realiza la vida cotidiana: desayunos, comidas, juegos y convivencia. El objetivo es que la persona no pierda su identidad ni sus habilidades.

"Me niego en rotundo al 'le voy a dar de comer, le voy a sentar'. Vamos a trabajar para que la persona sea la protagonista y haga todo lo que pueda por sí misma".

Envejecimiento activo y metas personales

La jubilación ya no es el fin de la actividad, sino el inicio de una etapa para cumplir sueños pendientes. Testimonios de alumnos en talleres de teatro y aulas de formación coinciden en que estas actividades son una vía de escape y socialización:

  • Disciplina: Los mayores demuestran una constancia superior a la de los jóvenes.
  • Intelecto: La necesidad de mantener la mente activa y recordar lo estudiado.
  • Salud emocional: El teatro aporta "fuerza" y ayuda a combatir el insomnio.