La subida del coste de la vida se hace cada vez más evidente en los establecimientos comerciales de la comunidad. En el último año, la inflación alimentaria ha alcanzado un 2,8% en Castilla y León, un incremento que impacta de manera directa en las economías domésticas y condiciona el consumo diario de las familias.
El encarecimiento afecta en mayor medida a la comida saludable, dado que los productos frescos experimentan subidas de precio superiores a las de los alimentos procesados. Entre los productos con mayor repunte destacan los huevos de gallina, con un incremento que supera el 14%, seguidos por la fruta fresca con subidas por encima del 9% y la carne de vacuno.
Ante esta evolución de los precios en mercado, parte de los consumidores opta por sustituir los alimentos frescos por alternativas en conserva, congelados o ultraprocesados. Esta tendencia de consumo no solo genera repercusiones económicas, sino que también plantea consecuencias para la salud pública de la población.