La Junta de Castilla y León ha aprobado la utilización de visores térmicos y nocturnos para la práctica de la caza mayor en la comunidad, fijando unas condiciones de uso precisas según el horario y la modalidad. La medida responde a la necesidad de dotar al colectivo de herramientas tecnológicas que permitan optimizar la gestión cinegética y el control de poblaciones de especies silvestres como el jabalí, el corzo o el ciervo.
Diferencias entre el uso diurno y nocturno
El nuevo marco normativo establece una distinción clara sobre la instalación de estos dispositivos. Durante las horas de luz, los cazadores podrán recurrir a visores térmicos exclusivamente para localizar e identificar a los animales a distancia, sin que en ningún caso el aparato pueda ir acoplado al arma. Por el contrario, en las esperas nocturnas dirigidas al jabalí sí se autoriza el montaje directo de las ópticas sobre el rifle. Desde la Delegación de la Federación de Caza en Valladolid, Jesús Hernández ha explicado que la tecnología basada en la detección de fuentes de calor permite al usuario observar la figura del animal y aproximarse con mayor claridad antes de tomar una decisión.
Control de fauna y seguridad vial
La medida adquiere especial relevancia en el caso del jabalí, especie cuya elevada densidad demográfica genera importantes problemas en la región. A este respecto, el consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Rural, Joaquín Antonio Pino, ha manifestado que la iniciativa otorga un recurso necesario para afrontar una problemática real de exceso de fauna que se traduce en frecuentes accidentes de tráfico en las carreteras de la comunidad.
Autorizaciones y fiscalización en los cotos
Más allá de las disposiciones de la Junta, la aplicación real del visor en el terreno quedará supeditada a la decisión de cada coto. La normativa determina que solo se podrá emplear la tecnología si cuenta con el visto bueno del presidente o titular del acotado. No obstante, representantes del sector cinegético como Íñigo Sagasseta han apuntado la complejidad que entraña vigilar el cumplimiento estricto de las restricciones operativas una vez que los aficionados se encuentran en el monte.