El despliegue de redes de calor en las ciudades españolas se presenta como la principal alternativa térmica para sustituir las antiguas calderas de combustibles fósiles. Este sistema utiliza un intercambiador para producir calefacción y agua caliente sanitaria (ACS).
Del bosque al radiador
El proceso nace de la biomasa forestal procesada en centrales térmicas. Desde allí, el agua caliente se distribuye mediante tuberías enterradas hasta los edificios. Aunque la obra de canalización es el paso más complejo técnicamente, la tecnología ha demostrado ser fiable tras más de 12 años de implantación.
Frente a la volatilidad de los mercados internacionales, estas soluciones ofrecen una garantía de precios a largo plazo. Además de fomentar la descarbonización, permiten a los vecinos obtener ahorros significativos respecto a los sistemas tradicionales.