Entre 2.000 y 3.000 internos de los centros penitenciarios españoles padecen trastornos mentales graves. En las cárceles se realiza un seguimiento y tratamiento de estas patologías y, en algunos casos, existen módulos específicos como el de la prisión de Topas, en Salamanca. Un equipo de esta casa ha podido acceder a esta unidad para conocer cómo funciona desde dentro.
Los 52 internos del Programa de Atención Integral a Enfermos Mentales (PAIEM) de Topas forman parte de uno de los colectivos más vulnerables del sistema penitenciario.
“Han tenido procesos psicóticos o están en proceso psicótico, esquizofrenias, trastorno bipolar y muchos de ellos presentan patología dual, es decir, una enfermedad mental y una problemática de consumo de drogas”, explica Esther, psicóloga del centro.
Estos internos permanecen separados del resto de la población reclusa y siguen una rutina diferente, con actividades y talleres dentro del propio módulo y programas específicos de salud mental. Un equipo formado por una psicóloga, un jurista, un educador y una trabajadora social supervisa su evolución con el apoyo de entidades como Accem y Cruz Roja.
El objetivo es que aprendan a responsabilizarse de su medicación y puedan convivir con normalidad junto al resto de internos. “Nuestro objetivo es que, cuando han normalizado su comportamiento y han mejorado sus carencias, pasen a módulos de respeto”, señala la psicóloga.
Los funcionarios de prisiones se encargan de administrar la medicación y de acompañar a los internos en su día a día.
“Predomina la seguridad y el régimen, pero también mucho tratamiento. Son internos que, si están medicados, están bastante controlados”, explica María Ángeles, funcionaria de prisiones. Ese trabajo diario también favorece una relación más cercana entre funcionarios e internos. “Aunque a veces nos vean como represores, saben que en el fondo no lo somos”, asegura.
Además del módulo de Topas, el centro penitenciario de León también dispone de una unidad de estas características y está previsto que este modelo se implante en más prisiones de Castilla y León. En todos los centros penitenciarios de la comunidad existen programas específicos para atender a internos con enfermedad mental, mientras que los casos más graves son derivados por orden judicial a los hospitales psiquiátricos penitenciarios de Sevilla y Alicante.