PIEDRA SOBRE PIEDRA

La rosa juradera de Ávila

Sergio Saseta

Antiguamente, la veracidad o no de un testimonio se probaba ante la divinidad. Algunas iglesias, conocidas como juraderas, eran los lugares para este ritual al que nobles, poderosos y hasta reyes se sometían en determinados momentos. Un proceso que entrañaba un riesgo, en el caso de la Basílica de San Vicente, si el susodicho mentía perdía la mano. Una rosa labrada en el monumento funerario de los Santos Vicente, Sabina y Cisteta era el lugar designado para cumplir con esta liturgia.