El avance de la tecnología cognitiva plantea desafíos que van más allá de la optimización empresarial. José Ramón Garza, cofundador de Big Cookie AI, destaca el salto intelectual de las máquinas: "Ya superan el 140 de coeficiente intelectual. Esto sería como más listo que el 99% de la población. No solo nos van a servir para automatizar tareas sencillas, sino que también nos van a ayudar a trabajar mejor, a mejorar esa eficacia, no solo la eficiencia".
El impacto real en el empleo
Sin embargo, Garza advierte del impacto real en el empleo y descarta los mitos tradicionales sobre el desplazamiento de mano de obra: "Siempre se ha dicho eso de 'la inteligencia artificial no te va a quitar el trabajo'. Te va a quitar el trabajo alguien que la sepa utilizar". Ante la magnitud del cambio, el experto apela a la previsión social: "El impacto que estimamos sí que puede ser muy muy grande. Entonces, a nivel sociedad, sí que tenemos que sentarnos, hablarnos y ver exactamente qué es lo que va a ocurrir".
Control sindical y cotización robótica
Por su parte, el tejido sindical exige poner límites y condiciones al despliegue tecnológico. Berta López, secretaria general de UGT Servicios Públicos Burgos, reclama un control estricto sobre "el qué, cómo y cuándo se está utilizando el algoritmo y la inteligencia artificial". En esta misma línea, Tomás Pérez, secretario general de UGT Servicios Públicos Castilla y León, defiende la necesidad de buscar nuevas vías de financiación pública: "Pedimos que los robots también coticen porque el nuevo desarrollo tecnológico no puede ir contra la propia supervivencia del sistema".
Hacia la singularidad tecnológica
El debate final apunta a un cambio de paradigma absoluto en la organización del trabajo. Según evoca Garza, figuras como Elon Musk defienden que, a futuro, la humanidad llegará a una "singularidad donde no necesitaremos trabajar, donde habrá una renta universal", transformando por completo la estructura económica y social que conocemos hoy en día.