Las olas de calor veraniegas se han consolidado como un factor de riesgo crítico para los conductores de motocicleta. Según datos del sector, casi dos de cada diez accidentes en época estival están vinculados a las altas temperaturas. Este fenómeno no solo favorece la aparición prematura de fatiga y la pérdida de concentración, sino que incrementa de forma notable el tiempo de reacción ante imprevistos en la carretera.
Impacto físico y en el vehículo
A partir de los 35 °C de temperatura ambiente, el asfalto puede rebasar fácilmente los 60 °C. Esta radiación térmica provoca que la presión de los neumáticos aumente rápidamente tras pocos minutos de marcha, afectando al agarre de la moto. Además, la combinación de calor y somnolencia produce efectos cognitivos comparables a circular con una tasa de alcohol de 0,5 g/l de sangre.
Para mitigar estos riesgos, las organizaciones de seguridad vial aconsejan no relajar el equipamiento de protección —optando por prendas ventiladas y homologadas—, mantener una hidratación continua y programar paradas breves de forma recurrente.