Si hay un dulce tradicional de la Navidad, ese es el roscón de Reyes. En estos días previos a la festividad, los obradores ya notan el aumento de trabajo. Al roscón clásico, relleno de nata o crema, se suman ahora nuevas propuestas pensadas para los paladares más atrevidos.
La base sigue siendo la de siempre: harina, masa madre elaborada el día anterior, azúcar mezclada con miel, huevos, leche, levadura y aromas. “Echamos agua de azahar, un poquito de ron, naranja y limón”, explica Raquel Rubio, de la Pastelería Los Melizos.
Sin embargo, la innovación ha ido ganando peso. Cada vez se demandan más roscones de nata y crema y menos de frutas escarchadas. También ha cambiado el calendario de compra, aunque no en todos los obradores. “Aunque nosotros hasta fin de año no empezamos a vender de ninguna de las maneras”, aclara Rubio.
La búsqueda de nuevos sabores es ya una constante. En esta pastelería llevan seis años elaborando roscones de Oreo y Kinder, y cinco desde que incorporaron el de Lotus. La gran novedad de este año es el roscón de Cheesecake. “Está muy de moda y la hay en tantísimas versiones que hemos dicho, ¿por qué no en roscón también?”, señala.
La creatividad también llega al interior. Aunque las sorpresas no siempre se utilizan después de encontrarlas, siguen siendo imprescindibles. “Hemos metido una cena en dos restaurantes de aquí de la localidad, otros años una cesta de productos kilómetro cero, incluso viajes”, explica Rubio.
Nos toque o no la sorpresa, lo cierto es que hoy el roscón permite sorprender ya desde la elección del sabor, manteniendo viva una tradición que no deja de reinventarse.