Domingo a las 16 horas. Antonio Gaudí adaptó cada uno de sus edificios a su pensamiento arquitectónico y también al lugar en el que los levantó. En Casa Botines, en León, se puede visitar una exposición que se adentra en los detalles de una de sus técnicas más características: el trencadís.
Lo que para otros eran materiales deteriorados, procedentes de escombros o incluso escoria de la siderurgia, para Gaudí era arte aplicable a la arquitectura. Así nació el trencadís, una técnica que puede considerarse el hermano pequeño del mosaico: un mosaico sin teselas. “Se llama trencadís porque romper en catalán es trencar. Nunca en la época se hablaba de trencadís. No se anunciaba porque era una cosa considerada menor”, explica Mireia Freixa, comisaria de la exposición.
Los materiales utilizados van mucho más allá de la cerámica tradicional. Gaudí emplea vidrio, piedras rotas, espejos y todo tipo de elementos reutilizados. Una técnica que se adapta a cada obra, recicla materiales y evoluciona al mismo tiempo que su arquitectura. “En la Colonia Güell utiliza todo tipo de detritus, restos de fábrica, incluso piezas de la fachada o cerámica de la Casa Batlló. Todo es reciclado”, señala Freixa.
La exposición puede visitarse hasta el mes de septiembre en León, en un edificio que Gaudí levantó, paradójicamente, sin recurrir al trencadís. En Casa Botines, el arquitecto se adaptó a la climatología y a las particularidades del noroeste peninsular. “Gaudí se adapta a los lugares igual que hacía con el trencadís, adaptándolo a las características de cada edificio y de cada cliente”, explica World Monuments Fund a través de su representante, Pablo Longoria.
Una exposición pensada incluso para tocar, ya que los materiales lo permiten, y que, probablemente, habría contado con la aprobación del propio Gaudí.