Mustafa Romane nació en Marruecos y dedicó más de una década de su vida al mar en la costa del Sahara. Llegó a ser propietario de tres embarcaciones, pero un cambio legislativo le obligó a vender su patrimonio por menos de la mitad de su valor. Ante la falta de futuro, decidió emigrar a España. "Si vienes aquí a trabajar, puedes ganar dinero", le dijo un amigo.
Sin conocer el idioma y sin ayudas externas, Mustafa comenzó desde abajo en Palencia y, posteriormente, en Zamora, donde trabajó durante 16 años para el mismo jefe en los sectores de la ganadería y la construcción. Tras años de ahorro y esfuerzo, solicitó un crédito bancario para adquirir su propia explotación. "Ahora trabajamos todos: mi hijo, mi mujer y yo. Ya no tengo jefe", afirma con orgullo.
Actualmente, su vida transcurre en un pueblo zamorano donde compagina la cría de cabras con una explotación agrícola de tres hectáreas. Su producción de tomates alcanza los 150.000 kilogramos anuales, una tarea en la que aplica estrictos cuadernos de campo y asesoramiento técnico. Para Romane, el secreto reside en la dedicación constante: "Yo no pienso en el dinero. Para mí, cuidar bien esto vale más que el dinero".