La generación mundial de desechos electrónicos registra un incremento cinco veces más veloz que el ritmo actual de reciclaje. Ante este contexto global, Castilla y León logró gestionar durante el pasado ejercicio más de 3.000 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, lo que representa una media aproximada de seis kilogramos por habitante.
Dentro del conjunto de los aparatos reciclados, los grandes electrodomésticos situados habitualmente en las cocinas lideran con firmeza los índices de recogida separada. La operativa se ve facilitada de forma directa por la obligación legal y el servicio gratuito que prestan los comercios minoristas, los cuales retiran el equipo antiguo en el momento en que el usuario adquiere un electrodoméstico nuevo.
Puntos limpios y reticencia con el pequeño aparato
El comportamiento ciudadano muestra una pauta clara en el uso de los puntos limpios y los planes renove de las tiendas. Sin embargo, los servicios de gestión advierten de que la ciudadanía tiende a conservar durante más tiempo los dispositivos de menor tamaño en el hogar, lo que frena el flujo óptimo de reciclado de esta clase de componentes.
El valor de la economía circular
La correcta gestión de estos desechos permite recuperar hasta un 90% del peso total de aparatos como frigoríficos, lavadoras o teléfonos móviles. La reutilización de sus componentes principales, compuestos en su mayoría por metales y plásticos, evita la extracción de nuevas materias primas de la naturaleza para la fabricación de futuros bienes de consumo.