En Soria, en el juicio al acusado de asesinar a su expareja en Matamala de Almazán, las médicas forenses han determinado que la mujer murió de forma violenta, como consecuencia de un traumatismo craneoencefálico. Presentaba ocho lesiones en la cabeza, compatibles con golpes contusos propinados con un martillo, que además se ha probado que contenía restos de sangre de la víctima. También se ha probado que no había restos de humo en su sangre, lo que confirma que ya había fallecido cuando se originó el incendio intencionado en la vivienda.