La gimnasia rítmica, como tantas otras disciplinas, es un deporte muy sacrificado por las muchas horas de entrenamiento que supone cada ejercicio. La complicidad entre las entrenadoras y las gimnastas es notable y, si obtienen la recompensa en forma de medalla, es un éxito que se celebra de manera conjunta. Es lo que ha sucedido en el Abula Gym.