Hecho en Castilla y León

Las 5 reglas de oro para una buena infusión o un té

¿Sabes cuál es la diferencia entre una infusión y un té? Si eres un apasionado de esta bebida, te damos las claves para convertir ese momento en una auténtica obra de arte, como dijo Kakuzo Okakura hace 300 años

Pedir un té en cualquier sitio se ha convertido en el pan de cada día, pero la realidad botánica es bien distinta. Como recuerda la sabiduría popular, un té es una infusión, pero no todas las infusiones son tés. El término "té" recae de forma exclusiva sobre las hojas de la planta Camellia sinensis. Todo lo demás —manzanilla, poleo, rooibos o frutas— entran directamente en la categoría de infusiones. Una distinción que, aunque parezca menor, marca la pauta de cómo debemos tratarlas en la cocina.

Las 5 reglas de oro (con 300 años de historia)

Para entender cómo preparar una taza perfecta, hay que remontarse tres siglos atrás, a las sabias palabras de Kakuzo Okakura en su célebre 'El libro del té'. Okakura ya advertía que esta bebida es una auténtica obra de arte que exige manos expertas y cinco pilares fundamentales: el agua, la temperatura, el tiempo de infusionado, la cantidad y la vajilla.

Sin embargo, en el día a día de nuestros hogares, es muy común saltarse las normas a la torera y cometer errores que echan a perder el producto.

Los errores más comunes

  • Quemar la planta con agua hirviendo: Pedir un té verde o blanco y echarle encima el agua a máxima temperatura provoca reacciones indeseadas en taza, generando amargores y astringencias que arruinan la experiencia. Las infusiones aguantan un punto más de castigo, pero los tés exigen mimo.
  • El clásico despiste: Olvidar la bolsita dentro de la taza durante diez minutos mientras atendemos otros asuntos... nos ha pasado a todos. El resultado: un brebaje cercano a la medicina que dista mucho del sabor buscado.
  • El gran debate a la hora de calentar el agua: Adiós al microondas. Los puristas y los amantes de las cosas bien hechas lo tienen claro: lo ideal es utilizar un hervidor con control de temperatura o, si preferimos tirar de tradición y calentar el agua en un cazo al fuego.