Los costes de producción siguen poniendo contra las cuerdas a agricultores y ganaderos. El precio del combustible, los fertilizantes y la alimentación animal obliga a hacer números antes de cada campaña. Y mientras los gastos aumentan, los profesionales del campo siguen sin saber cuánto cobrarán por sus productos.
Andrés San José todavía no ha visto crecer sus cultivos, pero ya calcula cuánto tendrá que invertir. Esta sementera le costará cerca de 120.000 euros y necesita una buena cosecha para recuperar el dinero. “3.000 kilos son para gastos. Y la media histórica aquí en esta zona está entre... me parece que no sé si eran 2.700”, explica. Unas cifras que reflejan las dificultades para conseguir que la explotación sea rentable.
En la ganadería de Ángel San Juan, la situación tampoco es sencilla. Sus gastos superan los 100.000 euros mensuales y alimentar a cada vaca cuesta unos 11 euros al día. “La soja, que al final es un nutriente muy importante en la alimentación animal de vacas de leche, ha subido un 50 %. El maíz, un 25 %; los piensos, un 20 %”, detalla el ganadero.
A estos incrementos se suman los del combustible y los fertilizantes. Andrés asegura que el precio del carburante ha pasado de 90 céntimos a 1,60 euros. “Esta semana estamos en 1,60 euros cuando el año pasado estaba en 0,90”, señala. También recuerda cómo se ha encarecido el abono: “Cuando empecé en esto he comprado a 200 euros la tonelada y ahora estamos en 630”.
Para intentar reducir los gastos, ambos han tenido que adaptar sus explotaciones. Andrés está modificando sus cultivos para utilizar menos fertilizantes. “Más rotación de cultivos que necesitan menos abono, como puede ser la alfalfa”, explica. Ángel, por su parte, ha apostado por el autoconsumo energético: “Tenemos la suerte de que se pusieron unas placas solares y además llevamos ya un año funcionando con una planta de biogás para autoconsumo”.
Sin embargo, no todos los costes pueden reducirse. La incertidumbre sobre futuras subidas también condiciona las decisiones de los profesionales. “Te paras, te frenas un poco a la inversión”, reconoce Ángel.
Y es que, mientras producir resulta cada vez más caro, agricultores y ganaderos continúan trabajando sin tener la certeza de que el precio final de sus productos les permita recuperar lo invertido.