La inflación no da tregua al bolsillo de los ciudadanos. En el mes de mayo, el Índice de Precios de Consumo (IPC) se mantuvo congelado en el 3,2%, mientras que la inflación subyacente —aquella que excluye los alimentos frescos y la energía por su alta volatilidad— experimentó un repunte de una décima, situándose en el 2,9%. Esta persistencia en el encarecimiento de la vida contrasta con la evolución de los salarios que, aunque aumentan, resultan insuficientes para recuperar el poder adquisitivo perdido desde la crisis inmobiliaria.
La paradoja de los salarios: Más euros, menos capacidad de compra
Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el salario medio en España ha pasado de los 21.900 euros anuales en 2008 a los 29.500 euros en 2024. Sobre el papel, esto representa un incremento del 35%. Sin embargo, al deflactar la cifra y restar el efecto de la subida de los precios, la realidad económica es drástica: en 16 años, la ganancia real de poder adquisitivo ha sido de tan solo el 1%. La situación es aún más compleja en comunidades como Castilla y León, donde el sueldo medio se sitúa notablemente por debajo de la media nacional.
La presión fiscal del IRPF agrava la situación
A la inflación se le suma un segundo factor corrector de la riqueza: el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). Debido a la falta de adaptación de los tramos a la subida de los precios, un trabajador con un sueldo actual de 18.000 euros llega a pagar casi cuatro veces más de tasas fiscales de lo que abonaría con el poder de compra equivalente en el año 2019. Esto explica por qué, a pesar de los discursos macrosociales sobre el crecimiento del PIB, las familias españolas se ven obligadas a seguir estirando el dinero para llegar a fin de mes.