Agro en acción

"En la vida hay que hacer lo que te gusta, y a nosotros nos gusta el campo"

Emiliano presume de sus tractores John Deere 6250 R y 6155 y de trabajar en el campo junto a su hijo Eduardo

Hay lugares donde el tiempo parece medirse al ritmo de las estaciones y al rugido sordo de un motor diésel sobre la tierra llana. En San Pedro de Latarce, provincia de Valladolid, el campo no es solo una forma de ganarse la vida: es una herencia invisible que se transmite de padres a hijos con la misma naturalidad con la que se engrana una marcha en el tractor.

Ahí es donde encontramos a Emiliano Palmero y a su hijo Eduardo. Emiliano peina canas con la sabiduría de quien supera las setenta primaveras y ha visto cambiar los aperos, las modas y las subvenciones, pero mantiene intacta la devoción por la tierra. A su lado, Eduardo representa ese relevo generacional del que tanto se habla en los despachos pero que solo cobra sentido cuando se pisa el barro. "Mi hijo dejó de estudiar porque le pasó lo que a mí, que nos gustaba mucho el campo", relata Emiliano con una mezcla de orgullo y complicidad paterna. No hay mayor vocación que la heredada, esa que no entiende de horarios de oficina ni de fines de semana.

La maquinaria del siglo XXI con el alma de siempre

Hablar hoy de agricultura en Castilla y León exige mirar de frente a la tecnología sin perder de vista las raíces. La flota de tractores de Emiliano y Eduardo es buena prueba de ello. Presumen con la misma ilusión de la experiencia acumulada durante décadas que de sus fieles aliados metálicos: impresionantes modelos como el John Deere 6250R y el 6155, máquinas de alta gama preparadas para exprimir cada hectárea con precisión milimétrica.

Pero un buen tractor necesita un buen respaldo, y en esta casa lo tienen claro. La confianza ciega depositada en empresas de la tierra como Agrícola Castellana demuestra que el sector primario de la comunidad avanza de la mano de la industria local, tejiendo una red de apoyo mutuo que sostiene la economía de nuestros pueblos.

"¿Esclavo? Sí, pero feliz"

La vida del agricultor no entiende de treguas. Lo recuerda bien Emiliano, que a pesar de estar oficialmente jubilado sigue al pie del cañón, porque de la tierra uno no se jubila del todo jamás. "Esto es esclavo, da trabajo... pero feliz, en la vida hay que hacer lo que te gusta. Y a nosotros nos gusta el campo", resume con la rotundidad propia de quien ha hablado toda la vida mirando de frente al horizonte.