El sector de la legumbre en la comarca salmantina de La Armuña conserva su esencia artesanal gracias a pequeñas empresas familiares que recogen el testigo generacional. Alfonso Fernández lidera una firma envasadora que compra directamente lentejas y garbanzos a los agricultores locales, además de completar su catálogo con alubias procedentes de zonas emblemáticas como La Bañeza o Arévalo.
El secreto de su calidad reside en una máquina de criba tradicional del año 1947 que funciona mediante un sistema de vibración y filtros por tamaño. Aunque su rendimiento es más lento que el de la tecnología moderna, logra separar de forma impecable impurezas, paja y piedras, garantizando un grano completamente limpio antes de su almacenamiento.
Para el canal especializado y delicatessen, la firma elabora saquitos de tela envasados a mano uno a uno mediante una máquina semiautomática con palanca lateral. Este proceso minucioso permite a las tiendas de barrio diferenciarse de las grandes superficies, un entorno donde resulta imposible competir exclusivamente en precio.
A pesar de la inflación generalizada, la legumbre se mantiene como uno de los alimentos más eficientes de la dieta mediterránea. Con un coste aproximado de 20 céntimos por ración, un kilo de lentejas o garbanzos permite alimentar a diez personas, recuperando sus niveles de venta más altos en cuanto irrumpen las bajas temperaturas.