La carretera CL-501 permanece vigilada por la Guardia Civil. Tras superar los primeros controles, el paisaje deja al descubierto la magnitud del incendio.
En Casavieja, las llamas no respetaron ni siquiera la carretera, que no pudo actuar como cortafuegos. Allí se encuentra la explotación de César, alcanzada por el fuego.
Mientras prepara agua para los ganaderos afectados, Chuchi, capataz del Ayuntamiento de Casavieja, intenta describir lo vivido. “La situación es la peor. Se ha abrasado todo y estamos haciéndonos una idea de lo que hemos perdido. El casco urbano lo hemos intentado salvar, se ha salvado, aunque hay algunas casas del extrarradio que siguen sufriendo daños.”
Con el fuego rodeando la iglesia, los vecinos se unieron para proteger el pueblo. “Dar gracias a todos los que nos hemos quedado, a todos los chavales, y no tan chavales. Hay gente de 50 y 60 años aquí ayudando”, agradece un vecino. “Es algo que no te imaginas que puede pasar, y pasa. Ya venía el valle quemándose... no hay muchas palabras. Es un sentimiento de tristeza infinita”, lamenta una vecina.
Las pérdidas también alcanzan a quienes viven de su trabajo. José Manuel ha visto cómo el fuego destruía parte de su maquinaria y Elías ha perdido su nave.
El incendio tampoco ha dado tregua a otros símbolos de la zona. El camping Fuente Helecha ha quedado destruido y la pradera de La Chinita ya solo permanece en el recuerdo de los vecinos.
“Nada. Todo. Todo perdido. Entiendo que lo primero es salvar la vida de las personas, y creo que es lo normal, pero esto también es nuestra vida”, resume Vanesa Muñoz, alcaldesa de Casavieja.
La desolación es absoluta. Aún quedan focos activos y, allí donde se mire, el incendio sigue dejando su huella.