Los libros no solo sirven para entretenernos o hacernos reflexionar. También pueden ayudarnos a sentirnos mejor. Convencidos de sus beneficios, médicos de un centro de salud de Salamanca participan en una iniciativa que permite a los pacientes salir de la consulta con una receta poco habitual: la recomendación de un libro o una película.
En el centro de salud Garrido Norte, una consulta médica puede terminar con la prescripción de una obra como El amor en los tiempos del cólera. Una alternativa que busca abordar determinados problemas desde una perspectiva más amplia. “Pensamos que hay otras soluciones también diferentes a prescribir un medicamento, que muchas veces puede ser necesario, y ahí es donde entra la lectura. Creemos que la lectura puede ser sanadora”, explica Belén Sánchez Montero, médica de familia.
La iniciativa se llama Bibliomecum y cuenta con una selección de 160 libros y películas elegidos por los valores y las reflexiones que pueden aportar a los pacientes. En lugar de acudir a la farmacia, quienes reciben estas recomendaciones pueden buscar las obras en la biblioteca. “Creemos que es un proyecto colaborativo con el que se puede mejorar el tratamiento y el rendimiento de los pacientes. No pretendemos sustituir a los tratamientos médicos tradicionales, pero sí unir fuerzas”, señala Luis Sánchez Arévalo, concejal de Educación del Ayuntamiento de Salamanca.
El proyecto pretende ofrecer herramientas complementarias para afrontar situaciones que también afectan al bienestar emocional. Entre ellas, según explica Luis Alberto Álvarez, gerente de Salud de Área de Salamanca, se encuentran los “problemas personales, problemas psicológicos, problemas de soledad, problemas de abandono, problemas de miedo”.
Cada título cuenta con su propio prospecto, que orienta sobre las situaciones en las que puede resultar útil. Así, El principito se propone como una lectura para combatir el desencanto o la rutina, junto a otras muchas obras seleccionadas.
Una forma diferente de entender la atención sanitaria que incorpora la cultura como apoyo al cuidado de los pacientes. Porque, en Salamanca, algunas recetas no se despachan en la farmacia, sino que se encuentran entre las estanterías de una biblioteca.