Camposolillo, el pueblo de León despojado de sus casas por un embalse que jamás lo anegó

Desalojado en los años sesenta ante la construcción de un embalse, la vecindad regresa cada año para celebrar su memoria e impedir que la historia del municipio caiga en el olvido

Mónica Murciego

La historia del medio rural en la provincia de León guarda episodios singulares vinculados a las grandes infraestructuras hidráulicas del siglo XX, entre los que destaca el caso de Camposolillo, en el municipio de Puebla de Lillo.

Durante la década de los sesenta, la administración decretó el desalojo forzoso del pueblo ante la inminente inundación de la zona por la construcción de un embalse. Sin embargo, por una paradoja de la obra, la lámina de agua nunca llegó a anegar el casco urbano, dejando las viviendas intactas pero abocadas a un desahucio definitivo.

Impacto económico y éxodo a la capital

La intervención estatal alteró por completo el modelo económico local al anegar cerca del 80% de los terrenos dedicados al pastoreo, pilar fundamental de la subsistencia ganadera. Ante la imposibilidad de mantener su modo de vida, la práctica totalidad de las familias se vio obligada a emigrar hacia León capital, donde rehicieron sus vidas. Pese a la dispersión geográfica y a la rotura del día a día en el pueblo, la comunidad ha logrado conservar los vínculos de unión mediante encuentros colectivos que se repiten cada año.

El obstáculo legal de la titularidad estatal

A pesar del paso del tiempo y del arraigo afectivo que conservan los antiguos pobladores y sus descendientes, cualquier vínculo formal con las edificaciones choca con la situación legal del enclave. Tras los procesos de expropiación ejecutados el siglo pasado, la propiedad del pueblo no pertenece ni a los particulares ni al ámbito municipal, sino que permanece bajo el control de la Confederación Hidrográfica del Duero. Esta titularidad pública mantiene el asentamiento en un régimen de abandono administrativo.

Un pacto intergeneracional contra el olvido

Sin la posibilidad de habitar el lugar de forma permanente, los antiguos residentes y sus familias han convertido su cita anual en un verdadero ejercicio de resistencia cultural. A través de la convivencia, las comidas comunitarias y los relatos compartidos entre las ruinas, las generaciones mayores transmiten la historia y las costumbres locales a los más jóvenes. Este esfuerzo compartido busca garantizar que la identidad de Camposolillo perdure mientras exista alguien que recuerde sus orígenes.