Los incendios dejan un rastro que va mucho más allá del monte. También afectan a quienes han tenido que abandonar sus casas. Para ayudarles, un equipo de Cruz Roja Castilla y León se desplazó hasta Ávila.
A las ocho de la mañana del sábado, Rosa y otros tres compañeros partían desde Valladolid para colaborar con el operativo.
Su primera misión fue trasladar a las personas evacuadas desde el polideportivo Carlos Sastre hasta la Escuela Nacional de Policía, donde continúan alojadas.
A partir de ahí, comenzó un trabajo de apoyo que resulta esencial en una emergencia como esta. Instalar puntos de recarga para teléfonos móviles, atender las necesidades básicas o facilitar alimento para las mascotas son solo algunas de las tareas que desempeñan.
Porque detrás de cada evacuado hay una historia marcada por la incertidumbre y por el miedo a haberlo perdido todo.
En ese contexto, aseguran que los mayores están siendo un ejemplo por la serenidad con la que afrontan una situación tan complicada.
Una labor discreta, muchas veces lejos de las llamas, pero siempre al lado de las personas que más lo necesitan.