En Aguasal se escucha con nitidez el entorno natural, pero esa tranquilidad es el síntoma de un problema mayor. Con solo 18 vecinos censados, y muchos de ellos residiendo fuera, las citas electorales se han convertido en una carga repetitiva para los pocos que quedan. Chema Rodríguez, vecino de la localidad, es el máximo exponente de esta situación: acumula más de 20 años consecutivos como presidente de la mesa electoral.
Requisitos que limitan el relevo
La normativa exige que los miembros de la mesa sean menores de 70 años y cuenten con estudios superiores. En la actualidad, solo tres personas en todo el municipio cumplen estas condiciones, lo que anula cualquier posibilidad de sorteo real. Las notificaciones se entregan en mano y la votación se desarrolla en las antiguas escuelas, en un ambiente que ha perdido el carácter festivo de antaño.
De la tradición al trámite administrativo
Chema ha sido testigo directo de la evolución del sistema. Recuerda cuando los nombres de los votantes se exponían en la puerta o cuando los miembros de la mesa cobraban sus dietas en efectivo. Sin embargo, lamenta que ya no se celebren las comidas de hermandad ni las partidas de mus que convertían el domingo electoral en un evento social. Tras esta curiosa anécdota, subyace la desaparición del mundo rural, un fenómeno que transforma la obligación ciudadana en un recordatorio de la soledad de los pueblos.