Es el último demonio en la dieta. El aceite de palma se ha convertido en un elemento indeseable en los alimentos, pero sigue estando presente en muchos de ellos. Algunas grandes cadenas ya han pedido a su distribuidores que lo eliminen en la producción, aunque la transición es lenta. Muchas tiendas de productos ecológicos lo han descartado desde hace tiempo. En una cooperativa han mandado incluso una carta a sus proveedores para que lo desechen por completo.