Clara Blanco y Arantxa Ochoa son bailarinas profesionales. Nacidas en Valladolid, en plena niñez abandonaron su hogar para embarcarse en la aventura artística y profesional de sus vidas. Y, ahora, tras una larga y fructífera carrera labrada en los escenarios de todo el mundo, han regresado a su lugar de origen para cumplir un sueño de infancia: ofrecer una actuación en su ciudad natal.
Clara Blanco se reafirma en ese deseo. "Nunca hemos bailado aquí como profesionales. Yo me fui con doce años", afirma, y añade que "volver aquí, bailar para los nuestros, va a ser una actuación muy importante para nosotras".
"Es lejano, pero cuando vuelves es como que no te has ido. Por mucho que estés fuera yo creo que el alma siempre la dejas aquí", confiesa Arantxa.
Así, ambas bailarinas brindarán el próximo fin de semana una función en Valladolid, en el Teatro Calderón. Para Arantxa, esta actuación tiene un valor añadido: será su último paso por los escenarios. "Dejaré los escenarios en octubre, y me han concedido ser la profesora principal de la nueva escuela del Pennsylvania Ballet, así que todo lo que he vivido se lo puedo transmitir a ellos", relata ilusionada.