Las vacaciones de verano ponen a prueba muchas relaciones. No son la causa de las rupturas, pero sí un momento en el que afloran conflictos que, según los especialistas, llevan tiempo gestándose. No es casualidad que, tras el verano, aumenten las solicitudes de divorcio.
“La convivencia perpetua hace que puedan surgir esos roces típicos de no tener un lugar para ti o una rutina que te ancle fuera de la pareja. Los motivos pueden venir de antes del verano. No es lo que los genera, es lo que les da luz de alguna forma”, explica Emma Turiño, doctora en Ciencias Sociales.
Muchas parejas afrontan las vacaciones con la intención de reconectar. Sin embargo, cuando la relación ya atraviesa dificultades, esas expectativas no siempre se cumplen.
“El hecho de que habitualmente sea la mujer la que tenga que encargarse de todo ese trabajo invisible puede resultar frustrante y generar disputas internas”, señala Emma Turiño.
Por eso, los expertos recomiendan hablar antes de empezar las vacaciones y acordar cómo se organizarán esos días. “Negociar antes de las vacaciones los límites. Lo que esperas, cómo vas a gestionar el dinero, los niños, la familia extensa. Qué quieres hacer, qué te apetece hacer”, aconseja.
También invitan a no dejarse llevar por la imagen de perfección que muestran las redes sociales. “Estar permanentemente comparándote con lo que la gente publica en sus redes sociales es una forma fascinante de romper la convivencia porque las expectativas vuelven a ser irreales”, advierte.
Desconectar de verdad y afrontar los problemas desde el diálogo es, según los especialistas, la mejor manera de que las vacaciones fortalezcan la relación en lugar de ponerla en riesgo.