En Castrillo-Tejeriego, Valladolid, el ganadero y agricultor Óscar Urdiales Prieto ceba anualmente 300 terneros en un ciclo productivo de 11 meses que exige máxima dedicación. Desde la llegada de los animales con apenas un mes de vida hasta su salida hacia el matadero con más de 400 kilos, la rentabilidad de la explotación depende de una gestión minuciosa de los costes y de un estricto control sanitario y burocrático.
La estrategia de alimentación de la granja se apoya en el autoconsumo de cereal y girasol, complementado exclusivamente con maíz nacional. Óscar denuncia que el grano importado de países como Ucrania, Brasil o Argentina llega al mercado con fitosanitarios e insecticidas cuya utilización está prohibida en la Unión Europea, lo que genera problemas digestivos y de salud en los animales.
"Si utilizamos el maíz que viene de fuera, los terneros están intranquilos, no engordan lo suficiente y se les nota el malestar", señala el profesional. Esta alteración en el ciclo de engorde se traduce en una pérdida de entre 15 y 20 kilos de carne por animal al final del periodo, afectando de manera directa a la cuenta de resultados de la explotación.
Frente a la competencia de productos importados con menores exigencias regulatorias, el profesional defiende la calidad de la carne española y apela a la sensibilidad del comprador. El ganadero de vacuno de carne subraya la importancia de que la sociedad valore el esfuerzo y la trazabilidad de la producción local por encima del precio en el punto de venta.