El cambio climático ha dejado de ser una previsión de futuro para convertirse en una realidad que impacta directamente en el campo. Los expertos advierten que, tras más de cien años quemando combustibles fósiles, el aumento de CO2 ha provocado un calentamiento que normaliza los fenómenos meteorológicos extremos. Ante este escenario, la adaptación es la única vía para la especie humana.
El sector agrícola ya lidera esta transformación mediante la innovación tecnológica. Se están desarrollando variedades vegetales capaces de resistir largas sequías y aprovechar al máximo las precipitaciones escasas. Además de la mejora genética de las semillas para combatir plagas, el control de los recursos hídricos mediante obras hidráulicas se perfila como una necesidad crítica para "guardar el agua de cuando llueve para cuando hace falta".
La toma de decisiones se apoya ahora en tres niveles de predicción:
- Climática: Analiza tendencias en periodos de 30 años.
- Estacional: Basada en fenómenos naturales como el calentamiento oceánico, vital para planificar la rotación de cultivos.
- Determinista: El pronóstico diario a corto plazo (hasta 10 días), basado en modelos numéricos.