Economía

Estados Unidos 'necesita' a los vinos europeos

A pesar de ser el cuarto productor de vino, Estados Unidos necesita importar porque es el principal consumidor del mundo

Estefanía Ureña

Esta semana Donald Trump volvía a soltar uno de esos globos sonda que hace tambalear los cimientos económicos de cualquier empresa o país. Quizás sea una estrategia comercial o una simple declaración, pero que el presidente de Estados Unidos anuncie que podría aumentar los aranceles al vino francés, y por tanto al resto de vinos europeos, no pasa desapercibido a nadie.

Estados Unidos es un mercado estratégico para las bodegas españolas. Sólo el año pasado se exportaron a este país 90 millones de litros de vino, lo que supueso unas ventas de 325 millones de euros.

Los estadounidenses son los cuartos productores mundiales y "aún así", nos explica Santiago Mora, Director General de la Denominación de Origen Rueda, "no producen lo suficiente para dar cabida a todo el consumo que generan y necesitan importar. Son los mayores importadores, más de ocho millones de hectolitros". Y lo importan de todos los países. De Argentina, Chile, Australia y, por supuesto, Francia, Italia y España.

Las bodegas de Castilla y León han encontrado al otro lado del charco un nicho de mercado que crece cada año. En el Grupo Matarromera las ventas a Estados Unidos han aumentado un 10%. Tal y como nos cuenta su Director de Comunicación, Roberto Sanz, "el mercado estadounidense está entre los tres primeros. Supone un 15% del total de nuestra exportación".

No es, ni mucho menos, el único caso. En Yllera "este año, el objetivo es que Estados Unidos se convierta en el 50% de nuestras exportaciones. El resto va a parar a Europa y China", nos explica su presidente, Marcos Yllera.

Exportar a Estados Unidos no es nada sencillo. Lo primero por la gran competencia que hay y, lo segundo, por los requisitos que se requieren, más teniendo en cuenta que en cada Estado rigen unas normas diferentes.

"Hace falta tener un importador con su licencia de importador", explica Marcos Yllera, "también es necesario contar con un distribuidor, pero éste no puede vender el vino a particulares, si no que tiene que venderlo a tiendas o restaurantes". Y eso significa que para introducir una marca hay que trabajárselo casi a diario. Eso sí, una vez que la bodega consigue posicionar su vino las ventas están garantizadas.

El consumidor de Estados Unidos está acostumbrado a pagar 30 dólares por una botella de vino. Por la misma calidad, o incluso superior, y la mitad de dinero puede beber un vino de Castilla y León. Quizás por este motivo, la subida a los aranceles no llegue a afectar tanto a las ventas. Pero preocupa que llegue a beneficiar a los vinos de otros países que también exportan a tierras estadounidenses.