Los primeros minutos fueron de gran intensidad y presión al juego de salida, así es como los dos equipos se fueron metiendo en una dinámica de locura donde por momentos las prisas sólo generaban imprecisiones en los pases. Las áreas sin actividad ya que las defensas se imponían con gran autoridad. Según refleja la web del club gallego, la primera acción de relevancia llegaría al filo del minuto quince, tras un saque de esquina donde el Guijuelo de estrategia a punto estuvo de marcar con ese potente disparo de Moreira, y Fernando enviaba otra vez a córner. El conjunto visitante empezó a llevar la batuta del juego enfilando el minuto veinte con esa portentosa caja de cambios donde no existía la tercera velocidad ya que su juego de transición iba en la sexta marcha.
El Coruxo insistía en la conducción del balón para salir de la presión visitante, pero empezando en su propio campo y sin enganchar la primera línea. Balón que perdía en la delantera el equipo local ya era un contraataque del Guijuelo que mantenía las revoluciones hasta el final de cada acción ya muy encima del área viguesa. Se enfilaba el minuto veinticinco con el dominio territorial de un Guijuelo que forzaba saques de esquina. El primer gol llegaba precedido de una falta de intensidad en los marcajes, y desde la derecha del ataque salmantino salía un centro al segundo palo, y allí aparecía Moreira que engatillaba de abajo arriba y fundía a las mallas el 0-1. Un mazazo.
Desapareció el Coruxo, y dando mucha vida al conjunto visitante que jugaba tremendamente muy cómodo y sin excesivas frivolidades en el trato del balón, todo era empeine, pero con eficacia y precisión como un reloj suizo. En el minuto treinta y uno, otro despiste defensivo dejaba el balón en bandeja a Moreira, que pudo marcar ante la desesperada salida de Fernando. Cifuentes por el lesionado Crespo, que salió cojeando. Corría el minuto treinta y ocho, y el conjunto local se tuvo que replegar en los últimos minutos de este primer tiempo.
Los primeros compases de la reanudación daban cierto brillo al fútbol que desplegaba el conjunto local. Por delante quedaba tiempo suficiente para levantar el adverso resultado. Sergi entraba por Víctor Besada a los siete minutos de este segundo periodo. La deuda pendiente del juego local ya era tener más movilidad sin balón, ya que las acciones eran un calco una tras otra; balón que le llegaba a un jugador del Coruxo ya todo era regatear y conducir como un autómata que se queda sin el formateo de su disco duro. El Coruxo necesitaba más movilidad para la circulación y tener la entrega al compañero asegurada en las transiciones. El segundo gol ya fue como una losa tras el despiste defensivo y dejar habilitado a Moreira, que encaraba la portería con ventaja para enviar a las mallas el 0-2. Era el minuto sesenta y tres, aún quedaba casi media hora para intentarle dar la vuelta a la situación. Pero estaba quedando muy claro que al Coruxo le costaba maquetar cada metro cuadrado de césped, y más que nada; para darle fiabilidad y consistencia a su propio fútbol y tener más presencia en los balones divididos. Lo intentó el equipo de Rafa Sáez, demostró tener carácter durante largos minutos y siempre buscando la portería del Guijuelo, entraba Reguero por Dani, para buscar un punto de referencia con la frescura del delantero.
Sobre el minuto setenta y cinco se perdían muchas opciones con la expulsión de Costas, al recibir la segunda tarjeta amarilla se quedaba el Coruxo muy mermado y con el Guijuelo muy entero con su poderío físico. No consiguió el Coruxo inquietar la portería defendida por Wilfred, sólo en un par de balones colgados buscando un certero remate que le diera renovados bríos. Levantarse una y otra vez es de equipo campeón, quejarse y lamentarse es de equipo sin personalidad. El Coruxo lo tiene muy claro, pensar ya en el Zamora y creer siempre en su fútbol, que llegará.