El incienso, la luz de las velas y el sonido de tambores y cornetas se mezclan durante estos días con las conchas, los bordones y las mochilas de peregrino al coincidir en tierras castellano y leonesas dos tradiciones religiosas ancestrales, la Semana Santa y el Año Santo Compostelano.
Decenas del pueblos del Camino Francés, además de las dos capitales por las que pasa la ruta jacobea -Burgos y León, cuyas procesiones hace tiempo que traspasaron fronteras-, celebran hasta el Domingo de Pascua la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, que este año coincide con el inicio de la primavera y, por ende, con el comienzo de la temporada alta en las peregrinaciones a Santiago de Compostela.
Procesiones, vigilias, vía crucis, santos oficios... las liturgias se repiten en cada pueblo y, a la vez, se diferencian unas de otras gracias a las pequeñas particularidades que hacen de cada Semana Santa única. Lo mismo que ocurre con los paisajes siempre cambiantes del Camino de Santiago, ya sean los Montes de Oca de Burgos, la Tierra de Campos de Palencia o la olla berciana.
Belorado y Villasilos
La ruta jacobea de Semana Santa bien puede comenzar en Belorado en Burgos, donde un grupo de vecinos ha decidido recuperar, desde hace dos años, el antiguo esplendor de su Semana Santa. El 'Ecce Homo' y la 'Dolorosa' se encuentran la tarde del Jueves Santo en una procesión en la que cada paso va acompañado de las voces de un coro masculino y femenino, respectivamente.
El Viernes Santo por la mañana, niños y mayores se echan a la calle en el vía crucis, donde los más pequeños recuerdan la Pasión del Señor portando miniaturas de los objetos asociados con cada estación. Por la tarde, más de un centenar de personas arropa a los siete pasos que desfilan en la Procesión del Santo Entierro, en la que ocupan un lugar destacado las 'lloronas', jóvenes de la localidad vestidas de negro y tapadas con un velo.
Muy cerca de Castrojeriz, uno de los hitos del Camino, en la localidad de Villasilos (Burgos), al anochecer del Viernes Santo se celebra la Procesión de la Vera Cruz, en la que los cofrades alumbran con sus velas media docena de pasos en un recorrido circular, tres vueltas, en torno a la iglesia de San Andrés.
Frómista y Carrión de los Condes
Ya en tierras palentinas, Frómista celebra el Viernes Santo por la mañana un vía crucis en el que, desde hace años, un penitente -siempre el mismo- sube con una cruz a cuestas hasta la ermita de la Virgen del Otero. A última hora de la tarde tiene lugar la Procesión de la Dolorosa, en la que Virgen acompaña a su hijo muerto, colocado en un sepulcro.
La centenaria Hermandad Franciscana y Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz mantiene vivas, junto a otras tres cofradías de más moderna creación, las tradiciones de la Semana Santa de Carrión de los Condes (Palencia), que cuenta con actos y procesiones desde el lunes anterior al Domingo de Ramos hasta el Lunes de Pascua.
Una de las manifestaciones más multitudinarias es la Procesión del Ecce Homo, el Martes Santo, en la que la Cofradía de la Vera Cruz está acompañada por la Asociación de Amigos de la Capa de Palencia, la Banda Padre Nuestro de Palencia y la Cofradía del Bendito Cristo de la Salud y Virgen de la Soledad de Calzada de los Molinos. Al paso de la comitiva por el pórtico de la iglesia de Santiago, la Coral Carrionesa interpreta el 'Miserere' y el 'Stabat Mater'. Los ecos jacobeos resuenan con fuerza en esta procesión, cuyo recorrido coincide en buena parte con el Camino de Santiago a su paso por Carrión.
El vía crucis del Miércoles Santo, en el que se porta a hombros la imagen del 'Bendito Cristo Crucificado' del siglo XVIII, y la Procesión de la Oración del Huerto del Jueves Santo, ceden protagonismo a los actos centrales del Viernes Santo: el Sermón de las Siete Palabras y la Procesión del Santo Entierro y la Soledad de María.
Tras la Resurrección, la Semana Santa de Carrión concluye el Lunes de Pascua con una de sus celebraciones más características, 'Los ángeles somos', en la que los niños de la localidad recorren las casas de sus vecinos pidiendo un aguinaldo.
Astorga, Sahagún y Ponferrada
La Semana Santa tiene una honda tradición en toda la provincia leonesa, y especialmente en las localidades tocadas por el Camino de Santiago, como Astorga, que cuenta con actos todos los días desde el Viernes de Dolores. Destacar uno sería desmerecer los demás, como dice el presidente de la Junta Profomento de la Semana Santa, José Ángel Ventura, pero no se puede dejar pasar por alto la Misa concelebrada de la Cena del Señor, en la que el Obispo lava los pies a doce ancianos.
El Viernes Santo amanece con la Procesión del Encuentro de Jesús Nazareno y la Virgen Dolorosa, precedido por la famosa carrera de San Juanín, en la que los paparrones llevan a hombros, y a la carrera, al santo desde un extremo a otro de la Plaza Mayor. Tras los Santos Oficios, ya en la tarde, se encadenan la Procesión del Santo Entierro, el Desenclavo y la Procesión de la Soledad, que concluye con la 'Salve' en la plaza de Santo Domingo.
Todo Sahagún sale a la calle el Jueves Santo por la tarde, para acompañar a los cinco pasos de la procesión que sale de San Tirso. A las 12.00 de la noche, hora nona, después del 'toque de trompa', la Cofradía de Jesús invita a pan bregado mojado con orujo.
El Viernes Santo, antes de la salida de la procesión más popular de todas, la de los judíos, se 'da la isa', una tradición consistente en coger en volandas a una persona y golpear con sus pies la puerta de la Capilla de Jesús para pedir que salgan los pasos. Al finalizar la procesión, en la que desfilan seis pasos, se reparte entre los portadores y el público asistente el 'Pan de Jesús', pan mojado en orujo.
Ponferrada también celebra con devoción, y con un importante programa de actos, la Pasión y Muerte de Jesús, que tiene en los Santos Oficios del jueves una de sus más peculiares tradiciones. Al terminar estos, en la Basílica de Nuestra Señora de la Encina, se entrega la llave del sagrario, atada a un antiguo cordón de oro, al alcalde en persona -nunca a un representante-, que la custodiará hasta el Viernes Santo por la tarde.
El Encuentro, el Desenclavo y el Entierro infunden tristeza y recogimiento el Viernes Santo a los habitantes de la capital berciana, quienes a la sombra del castillo templario, junto a la iglesia de San Andrés, cantan una multitudinaria 'Salve' durante el transcurso de la Procesión de la Soledad, el Sábado Santo.
La Procesión de Resurrección del Domingo de Pascua tiene la particularidad de no contar ni con un 'Resucitado' ni una 'Cruz desnuda'. Su lugar lo ocupa el Santísimo Sacramento bajo palio, que se encuentra, en vez de con una 'Soledad', con la Virgen de la Encina, que lleva un niño Jesús en su regazo. Esta centenaria tradición, que finaliza con un estruendo de campanas cuando se le quita el velo a la 'Morenica', ha sorprendido a lo largo de los años a muchos visitantes, incluidos miembros del clero, lo que evidencia que la gran riqueza de las semanas santas está en sus diferencias.