La historia de Castilla y León no solo se lee en los libros; también se descifra en las entrañas de nuestras iglesias. Un reciente análisis en la iglesia de San Esteban, Cuéllar, sobre un conjunto de sepulcros yacentes de alabastro ha revelado una de las historias más curiosas y fascinantes de la nobleza castellana del siglo XV: momificaciones naturales, medicina forense medieval y un 'arsenal' de documentos para asegurarle a la nobleza un billete directo al Cielo.
Caballeros de alabastro y una piedra en el riñón de 5 centimetros
En los sepulcros principales descansan las estatuas de un caballero y una dama. El noble apoya la cabeza sobre una almohada —símbolo de que murió en la paz de su lecho y no en combate— y a sus pies descansa un perro, emblema de lealtad al rey de Castilla.
Lo que no esperaban los investigadores al abrir la tumba de Don Alfonso García León (ligado a los abuelos de Isabel la Católica) era encontrar su cuerpo momificado de forma natural. ¿El motivo? Una mezcla de envoltorio de cal y la temperatura constante de la iglesia. Gracias a ello, la ciencia ha descubierto de qué murió: un cálculo renal de cinco centímetros que le causó infecciones fatales.
El 'pack VIP' de Isabel de Suazo para el Juicio Final
Pero si hay un personaje que se lleva la palma es Doña Isabel de Zuazo. La dama se llevó a la tumba un ajuar documental único en España: 57 bulas e indulgencias compradas en vida para garantizar el perdón de sus pecados y los de toda su familia. Muchas de ellas son anteriores al año 1500, lo que las convierte en auténticos tesoros incunables para la historia de la imprenta.
Por si fuera poco, entre sus manos llevaba un pequeño libro de horas en latín escrito por el Papa León III. Lejos de ser un texto de lectura, funcionaba como un amuleto mágico para espantar al diablo y pasar el filtro del Juicio Final.