¿En qué cabeza cabe la programación de un encierro taurino a las 3. 00 de la madrugada, después de la verbena? ¿A quién se le ocurre? Pues es más habitual de lo que parece. Cada persona es responsable de sus actos y sólo
bajo su exclusiva responsabilidad decide si está o no preparado para arriesgarse a correr delante de un toro o una vaca, pero organizar un encierro a esas horas equivale a tentar peligrosamente la suerte.
Los corredores están de fiesta, pero los toros no sólo no están de juerga, si
no probablemente más desorientados que cuando el encierro es a la luz del día. El horario no puede ser más inapropiado.
No guarda relación alguna con la tradición y multiplica hasta límites inasumibles la peligrosidad propia del espectáculo al añadir nuevos factores de riesgo. Inaceptable. Los encierros nocturnos atraen mucho público joven y pueden ser un buen negocio para los bares de copas, pero todo tiene un límite. El Ayuntamiento y la Junta algo tienen que explicar.