El cultivo del girasol ha experimentado un notable incremento en Castilla y León durante la última campaña, motivado principalmente por los elevados costes de producción del cereal, que están llevando a muchos agricultores a trabajar a pérdidas. En comarcas como La Moraña (Ávila), la recolección de esta oleaginosa ya se ha iniciado con unos 15 días de antelación respecto al calendario habitual como consecuencia de las altas temperaturas del verano y la persistente sequía.
Actualmente, Castilla y León concentra el 50% de la superficie nacional dedicada a este cultivo. Según explica el agricultor Vicente de la Peña desde Rasueros, en la última campaña se ha pasado de 298.000 hectáreas a 416.000 hectáreas sembradas en la comunidad autonómica. De la Peña destaca que el girasol requiere una inversión significativamente menor que el cereal, lo que ha llevado a numerosos profesionales del sector a reestructurar sus opciones de siembra.
No obstante, las condiciones meteorológicas han condicionado severamente el desarrollo de las plantas. "Hay cultivos de girasol que no les ha llovido ni una gota desde que se sembraron", señala el agricultor abulense, precisando que las fincas nacieron con la humedad justa del terreno pero sin precipitaciones posteriores. Esta circunstancia dejará una cosecha reducida de entre 700 y 800 kilos por hectárea, si bien el mercado ofrece una cotización razonable que ronda los 500 euros por tonelada.