Los ganaderos de ovino en España afrontan un problema crónico cada verano. Al coste económico y la dificultad de encontrar esquiladores se suma una realidad frustrante: la lana se ha devaluado tanto que la legislación actual la cataloga como un residuo, prohibiendo su desecho directo. Ante este escenario, la localidad de Martiherrero, en Ávila, se ha convertido en el escenario de una iniciativa pionera en el país para transformar este problema en una solución sostenible.
Sombras sostenibles contra el calor rural
La Fundación Kerbest ha puesto en marcha un proyecto que recoge este material excedente para forrar las sombrillas de la piscina municipal de la zona. En total, se han procesado y tratado más de 160 kilos de lana bruta que ahora ofrecen una alternativa ecológica al mobiliario urbano tradicional, promoviendo la economía circular en el entorno rural.
Además del beneficio estético y del alivio térmico para los vecinos, los impulsores destacan el impacto medioambiental indirecto. El pastoreo necesario para la obtención de este material contribuye activamente a la prevención de incendios forestales y a la regeneración de los suelos locales