La gestión de la ropa usada se ha convertido en un problema para las entidades encargadas de su recogida y reciclaje. En Valladolid, uno de los almacenes vinculados a Cáritas acumula ya 180 toneladas de prendas y no tiene espacio para recibir más. Una situación sin precedentes que refleja las dificultades de un sector incapaz de procesar toda la ropa que se desecha.
La llegada constante de bolsas ha terminado por saturar las instalaciones. “Estamos desbordados por un problema estructural. Es un problema de todo el sector de la ropa. ¿Qué pasa? Que la industria que recicla no crece al ritmo que necesitamos”, explica Cristina Martín, gerente de Arco Iris Pro Lava.
La normativa europea obliga a los municipios a recoger los residuos textiles de manera separada, pero las plantas de tratamiento a las que se envía esta ropa, situadas en Madrid y Barcelona, no tienen capacidad suficiente para absorber el volumen actual. Una situación que también está afectando a la viabilidad económica de la actividad. “Ahora mismo, cada kilo de ropa que recogemos es dinero que perdemos”, asegura Martín.
A esta dificultad se suma la caída del precio de la ropa usada. Hace dos años, las entidades recibían 35 céntimos por kilo, mientras que ahora apenas obtienen 17. “Se exporta muchísima ropa de segunda mano. Claro, cuando tienes muchísima gente que te vende, es la ley de la oferta y la demanda”, señala la responsable de Arco Iris Pro Lava.
El problema se agrava con el auge de la llamada ultra fast fashion, un modelo de consumo basado en comprar grandes cantidades de ropa barata y de menor calidad. Muchas de estas prendas contienen materiales que dificultan su aprovechamiento. “Esa ropa tiene una composición tan mala, tan mala, tan dañina para el medio ambiente. Hay muchas de esas prendas que no se pueden ni reciclar”, advierte Martín.
En este almacén vallisoletano, menos del 5 % de la ropa recogida puede reutilizarse. El resto necesita otros tratamientos y, cuando no es posible reciclarla, termina en el vertedero. Un problema que sigue creciendo mientras las instalaciones de recogida y tratamiento se quedan sin capacidad para gestionarlo.