Durante y después del apagón, las ferreterías experimentaron una afluencia masiva de clientes hasta agotar existencias. Desaparecieron productos esenciales como cocinas, pilas y linternas, llegando a registrarse una escasez total en diversos establecimientos.
Preparación ciudadana actual
Un año después, la sensación de preparación es mixta. Aunque algunos ciudadanos adquirieron infiernillos de gas para calentar comida, muchos admiten no estar listos para un nuevo evento. Existe la percepción de que la población olvida el riesgo con el tiempo, incluyendo la importancia de disponer de dinero en metálico.
Conflicto por las indemnizaciones
Los consumidores afectados siguen sin recibir compensaciones por las horas sin suministro. Las organizaciones de consumidores sostienen que la distribuidora debe pagar los daños, independientemente de quién sea el responsable último, una figura que aún no ha aparecido, dificultando la resolución de las reclamaciones.