El sector agrícola atraviesa una de sus crisis más complejas, marcada por la falta de rentabilidad y el desánimo de los profesionales. A pesar del arraigo generacional y el valor de una profesión ligada a la libertad y la tierra, la actual coyuntura económica está minando la viabilidad de las explotaciones: "La circunstancia que estamos viviendo en estos momentos no es nada agradable y para mí personalmente creo que le quitan a uno la ilusión y las ganas de seguir en ello". Los agricultores denuncian un incremento inasumible en los costes de producción que no se ve compensado en el punto de venta final, donde los precios de recogida llegan impuestos sin margen comercial: "Primero haces unos gastos... al final el precio es el que hay, no hay otro, y cuando vas a recoger el producto te viene impuesto y no marcas el margen comercial que debieras de tener", denuncia Emilio Barbero, agricultor de Cordobilla, quien insiste en que bajo esta tónica "va a ser muy complicado el continuar la actividad".
La matemática de las pérdidas en el trigo
La actual campaña de la cosecha del trigo refleja la gravedad de la situación en Castilla y León. Mientras que una parcela media apenas ronda actualmente rendimientos de 2.000 kilos por hectárea, el umbral mínimo para cubrir los costes de producción se sitúa en torno a los 3.000 kilos. Esta diferencia técnica se traduce de forma directa en pérdidas anuales sistemáticas para los productores.
El factor climático y el dilema de cosechar
Aunque el factor climático siempre determina la calidad y cantidad de los rendimientos anuales, este agricultor señala que el verdadero problema radica en la obligación de vender a precios ridículos que no cubren la inversión inicial. La situación ha llegado a un extremo crítico en el que muchos profesionales se plantean si resulta más viable económicamente dejar el producto en la tierra antes que afrontar los gastos que conlleva realizar la cosecha en tiempo y forma: "El trabajo de todo un año tirado por tierra".