Cada verano miles de turistas visitan Burgos atraídos por su patrimonio. Y, entre todos los monumentos, la catedral sigue siendo el gran reclamo.
Pero cuando el calor aprieta, el templo ofrece un atractivo añadido. Mientras en el exterior los termómetros alcanzan los 35 grados, en el interior de sus muros góticos la temperatura no supera los 25.
En sitios monumentales como este la temperatura es mucho más agradable. Un alivio térmico que no solo se aprecia dentro de la catedral. También en las calles de la ciudad, donde muchos visitantes, especialmente los que llegan de lugares más calurosos, encuentran en Burgos un refugio frente a las altas temperaturas.
Porque el calor no se vive igual en todas partes. Y aquí, incluso el termómetro, depende de quién lo mire.