Hablar de José Luis Prada es hablar de una leyenda viva de la comarca del Bierzo. Conocido popularmente por su incansable lema "¡A tope!", este empresario, recién nombrado Hijo Predilecto y con plaza propia en su Cacabelos natal, ha vuelto a demostrar que su energía no entiende de fronteras ni de modas pasajeras.
Hablamos con José Luis Prada sobre los escenarios que han marcado su vida: desde la humilde tienda donde empezó todo en 1965 hasta el impresionante bosque didáctico botánico impulsado por la Fundación Prada a Tope.
Un arranque difícil: "Suspendí cinco de siete"
Lejos de los discursos edulcorados, Prada recuerda sus inicios con la transparencia que le caracteriza. En pleno centro de Cacabelos, junto a la plaza que hoy lleva su nombre, rememora cómo arrancó su andadura comercial tras un tropiezo escolar.
"Mi padre era agricultor y empleó dinero con un zapatero para montar la tienda, pero no funcionó. Yo estaba estudiando 4º y suspendí cinco asignaturas. Mi padre me dijo: 'Bueno, pues hala, ponte ahí'. Aquello estaba arruinado, pero tuve que salir adelante", relata el berciano.
Aquel joven que viajaba continuamente a Barcelona para traer a León los productos más innovadores del momento terminó por sentar las bases de un modelo de negocio pionero en enoturismo, gastronomía y recuperación arquitectónica en Castilla y León.
"Las aplicaciones virtuales no arreglan el monte"
Fiel a su estilo directo y combativo, Prada también aprovechó la entrevista para reflexionar sobre el salto generacional y el distanciamiento entre la sociedad moderna y el medio rural. En pleno trabajo de replantación junto a un grupo de jóvenes voluntarios, el empresario fue tajante al ser preguntado por las nuevas tecnologías: "Todas las enseñanzas hoy son virtuales, pero la tierra, el campo y los montes no se arreglan con aplicaciones; se arreglan con trabajo. Hace falta esfuerzo y luchar por la tierra".